lunes, 16 de enero de 2012

Esas cosas pasan

He dejado a un lado uno de mis pasatiempos: escribir. Hace meses que he venido experimentando algo parecido a lo que muchos llaman “mente en blanco” lo cual no es otra cosa que un estancamiento de la creatividad y los pensamientos. Algunas veces cuando repaso mis escritos los encuentro aburridos y llenos de clichés. Odio terminar siempre escribiendo lo mismo y asumo que es un problema que debo solucionar pronto, pues en definitiva no quiero renunciar a mi pasatiempo favorito. Creo que hace varios meses (2 o 3) no encuentro una lectura que realmente me atrape. Todos los días me lleno la cabeza de noticias, blogs aburridos, y escritos seductores pero sin mayor trascendencia… Y es que en verdad una de mis más grandes motivaciones para escribir es encontrar lecturas de autores interesantes, historias narradas de manera diferente, de personajes irrepetibles. Pienso que si a mí no me gusta lo que escribo nadie me va a leer, a nadie le va a interesar publicar alguno de mis escritos y seguiré en el anonimato, cual perdedora escribiendo en mi blog a diario, con un ranking de visitas marcado por mis propios cliks. Creo que estar en esta situación demanda generar una respuesta rápida. Estoy segura que esto que me ocurre debió ser el pan de cada día de cuanto escritor reconocido existe. Apuesto que hasta Wilde tendría guardado en su cajón del olvido al menos un par de escritos que jamás publicó, porque se encontraba deprimido al ver que nada fluía con la misma naturalidad que otros relatos. Apuesto también que muchos escritores alcanzaron la fama con el escrito más aburrido y predecible de su repertorio, y se dieron cuenta que aquel en el que más dedicaron tiempo y esfuerzo no paso de ser una simple referencia olvidada y poco leída. Pero esas cosas pasan.

Recuerdo que uno de los primeros libros que leí se llamaba “ La Historia del Señor Sommer” de Patrick Süskind: un cuento corto increíble. Creo que me motivé a leerlo entonces porque las gráficas de la edición eran maravillosas. Una vez lo terminé comencé a leer un nuevo libro corto del mismo escritor llamado “La Paloma”, éste, además de recordarme a una de mis hermanas con su infundado miedo a los animales de pico, me voló la cabeza. En realidad trataba de leer dos páginas si mucho a diario pues era tal el desespero que me trasmitía el personaje principal que debía cerrar el libro, respirar, mirar al techo y decir: “no pasa nada, no pasa nada”. Todas las noches tenía pesadillas de palomas que venían a sacarme los ojos y se comían mis uñas a pedacitos. Era horrible pero fascinante a la vez. Años más tarde mucha gente con la que hablaba ignoraba esos escritos y se referían a Süskind y a su gran obra maestra: “El Perfume”. Como todos lo habían leído y  todas las biografías de Patrick hablaban de ese libro, emprendí la travesía literaria al interior de “El Perfume”. En general es una obra maestra de la descripción de olores. Evidentemente disfrute la lectura, pero para ser honesta, había experimentado mucha más ansiedad en pocas páginas que en ese mamotreto interminable, sentía que había conocido más de Süskind en sus primeros relatos cortos y casi desconocidos que en su obra cumbre. Pero esas cosas pasan.

Será que algún día podre salir de este letargo creativo que alimenta mi depresión? Cuantas historias quedarán por contar? Cuantas personas estará dispuestas a leerlas? Solo sé que haber olvidado las gafas en casa no es un buen presagio…

xxxcambio y fueraxxx